Lunes, 22 de Diciembre del 2025
Cuando una marca se vuelve famosa… aparecen las copias
En la costa argentina hay marcas que ya son parte del paisaje. Una de ellas es El Topo, sinónimo de churros para miles de familias que, año tras año, asocian su nombre a calidad, tradición y confianza.
Pero el éxito tiene un costo: cuando una marca se consolida, empiezan los intentos de imitación.
Desde hace años, distintos vendedores ofrecen churros diciendo ser “El Topo”, cuando en realidad no lo son. Para el consumidor, la diferencia muchas veces no es evidente. Para la marca, el problema es serio.
¿Por qué esto no es un simple “detalle comercial”?
Porque la marca no es solo un nombre: es reputación, es historia, es valor económico.
Cuando terceros utilizan un nombre reconocido sin autorización:
• Confunden al consumidor, que cree estar comprando un producto original.
• Dañan la reputación de la marca, especialmente si la calidad no es la misma.
• Se aprovechan del prestigio ajeno, sin haber invertido tiempo, trabajo ni recursos en construirlo.
En términos legales, estamos frente a uso indebido de marca y competencia desleal.
¿Qué protege la ley?
En Argentina, la marca registrada otorga a su titular el derecho exclusivo de uso.
Eso significa que nadie puede:
• Usar el mismo nombre o uno confundible.
• Presentarse como si fuera la marca original.
• Beneficiarse del prestigio construido por otro.
Cuando esto ocurre, el titular puede exigir:
• El cese inmediato del uso.
• Indemnización por daños y perjuicios.
• Medidas para evitar que el engaño continúe.
Pero hay una condición clave: la marca debe estar registrada y defendida activamente.
El problema de “dejar pasar”
Muchas veces, por cansancio o costumbre, las empresas toleran estas situaciones:
“Siempre hubo imitadores”,
“es parte del negocio”,
“no vale la pena reclamar”.
El riesgo es enorme.
Si una marca no se defiende, pierde fuerza.
Y lo que hoy es una copia aislada, mañana puede transformarse en una pérdida real de identidad.
Una lección para emprendedores y PYMES
El caso de El Topo no es excepcional. Le pasa a marcas gastronómicas, comercios, productores regionales y empresas de servicios.
La enseñanza es clara:
• Registrar la marca no es un trámite administrativo: es una inversión estratégica.
• Defenderla no es confrontar: es cuidar lo construido.
• La marca es uno de los activos más valiosos de cualquier negocio.
En definitiva...
Cuando una marca llega al punto de ser imitada, es porque hizo bien las cosas.
Pero el verdadero desafío empieza después: protegerla, ordenarla y sostenerla en el tiempo.
Porque en un mercado cada vez más competitivo,
la diferencia entre crecer o diluirse muchas veces está en un nombre…
y en quién lo defiende.